27 de julio

Una tarde lluviosa donde parece que la naturaleza despierta discretamente,

estuve a punto de sucumbir a mis demonios.

La calma se puede encontrar en una brisa fría, una hamaca

y el final emocionante de la novela que estás leyendo.

El calor que solo tu cama te ofrece, cuando se tiene frío los pies,

puede ser lo mejor para regresar el buen humor que se ha dejado olvidado.

Un dilema entre decidir quien puede cambiarlo todo,

el tiempo o las personas.

Despertar y sentir que se ha mejorado,

estar liviano y alegre.

Pensar que para querer se tiene que perder la razón.

Terminar el día son ningún dolor.

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